El Colegio de Internacionalistas de Venezuela en su sexagésimo primer aniversario

El Colegio de Internacionalistas de Venezuela se fundó el 31 de enero de 1958, ocho días después de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, funesto personaje que mancilló la dignidad republicana sometiendo al país a una sangrienta represión. Con el fin de la tiranía y el restablecimiento de la institucionalidad nacional, se pensaba que los vicios de la década militar y el miedo formaban parte del pasado. Sin embargo, 61 años después, vivimos nuevamente una dictadura que ha arruinado al país, sometiendo a los venezolanos a situaciones impensables, exacerbando la desnutrición de los niños hasta grados alarmantes, mientras aumenta la deserción escolar, la falta de docentes y el analfabetismo. En los centros de salud la situación no es distinta, la mayoría se encuentra en estado deplorable, sin insumos ni equipos médicos a pesar de los esfuerzos y la mística de los profesionales de la salud.

Venezuela es un país que tanto socialmente como en materia de infraestructura ha retrocedido. No funcionan los servicios públicos, escasean los alimentos y las medicinas. Ello queda demostrado al ubicarse el país en los últimos puestos del hemisferio, hasta el punto que en instituciones como el FMI, el BM y el BID, han creado una categoría para Latinoamérica en la cual se excluye a Venezuela para evitar que se distorsionen los porcentajes en las estadísticas que publican de la región.

Esta situación ha provocado que millones de venezolanos decidan huir del país para buscar un mejor futuro que en su tierra natal. Lo delicado es que muchos escapan desordenadamente, con el riesgo de perecer muchos en el camino y padecer situaciones muy duras en los países donde llegan.

En el escenario internacional la dictadura se encuentra cada vez más aislada y alejada de la realidad. No es casual que haya surgido el Grupo de Lima o que en la Organización de Estados Americanos la situación en Venezuela sea tema recurrente. Tan alarmante es la crisis que en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas se ha incluido el tema de Venezuela. Ante esta realidad el “caso venezolano” se ha convertido en un problema global, resultado de las principales democracias del mundo que han dejado de preocuparse, para ocuparse por la situación que vive la población venezolana.

El país necesita urgentemente un cambio político, económico y social para evitar que se continúe perdiendo tiempo y oportunidades para volver a la senda del progreso y el desarrollo en Venezuela.

Por esta razón reconocemos y apoyamos al único poder legítimo que existe en el país, que es la Asamblea Nacional, dirigida por su presidente Juan Guaidó, para que asuma interinamente las competencias del Poder Ejecutivo y dé los pasos necesarios a fin de restablecer la legalidad y la democracia.

La libertad de Venezuela está cerca y una vez el sol de la esperanza marque el amanecer, se requerirá internacionalistas que lucharán por una política exterior de Estado y, como dice nuestro himno, hacer más fecunda nuestra profesión.

En Caracas a los 31 días de enero de 2019.

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