La fiebre mundialista hizo que ciertos temas pasaran desapercibidos durante algún tiempo. La emotividad del torneo y una premiación en la que la lluvia y un paraguas evidenciaron enormes faltas protocolares, hicieron que la sociedad obviara algunos asuntos que se estaban discutiendo y dejara de prestar atención a factores cruciales que pueden marcar el desenvolvimiento del mundo.

Poco se ha hablado del paulatino restablecimiento de relaciones entre Etiopía y Eritrea que pareciera poner fin a una guerra que ha costado cuantiosas vidas. Las imágenes del presidente eritreo Isaías Afewerki visitando la capital etíope, llena de esperanza al mundo sobre la posibilidad de que la paz se termine imponiendo.

Sin embargo, pareciera que el mundo vuelve a quedarse con lo básico y no se ve más allá. Afewerki, hoy visto como un hombre de paz, es probablemente uno de los más dantescos tiranos que gobiernan en el mundo. Rige los destinos de su país desde que se independizó de Etiopía en 1993, teniendo un balance lúgubre en el que abundan los presos políticos confinados en condiciones tétricas, existen altos índices de pobreza, no hay ningún asomo de libertades y miles de personas se aventuran al desierto para tratar de salir de una cárcel en la que sólo se cumple la voluntad del gobernante.

Hoy se celebra (con razón, por supuesto) la posibilidad de establecer una paz duradera y necesaria, pero no puede ser que esta acción oculte lo que es la tenebrosa actuación de un régimen infame que vulnera cualquier tipo de derechos y para el que la dignidad humana no existe. La comunidad internacional debe seguir ayudando a un pueblo cuya única aspiración es no sufrir las penurias de la tiranía que maneja al país como si fuera su propiedad.

Hoy Afewerki sale en los medios de comunicación recorriendo las calles de Etiopía y recibiendo muestras de afecto ante su visita. Algunos asoman que podrán exigirle que implemente algunas libertades en su adolorido país. Sin embargo, la denuncia no es lo suficientemente fuerte. Ese es el problema en el que muchas veces cae la comunidad internacional, la cantidad de temas la lleva a dispersarse y a quedarse con gestos que no van al fondo del asunto. Por eso, poner soluciones en sus manos no es del todo apropiado. Aunque las presiones ayudan, solamente los canales internos son los que llevarán a que tiranos como Afewerki salgan y paguen por sus crímenes.

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